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bienestar del menor

“No me devuelve a mi hijo”: qué ocurre cuando un progenitor retiene al menor y no lo entrega

10 de julio de 2026 Dejar un comentario

Es una de las situaciones más angustiantes y desesperantes que puede vivir cualquier padre o madre tras una separación:
– Llega la hora de devolver al menor… y el otro progenitor simplemente no aparece.

Al principio muchas personas piensan que será un retraso, una discusión puntual o un enfado momentáneo. Pero cuando pasan las horas y el niño sigue sin volver, aparece el miedo real:
– “¿Y si no piensa devolverlo?”
– “¿Esto es ilegal?”
– “¿Qué puedo hacer?”

En Cataluña, igual que en el resto de España, impedir injustificadamente que un menor regrese con el otro progenitor puede tener consecuencias muy graves, tanto civiles como incluso penales en determinadas situaciones.

Y algo muy importante:
esto no se considera simplemente “un problema entre padres”.

El régimen de custodia y visitas no es opcional

Cuando existe una resolución judicial o un acuerdo aprobado judicialmente, ambos progenitores están obligados a cumplirlo.

Eso significa que:

  • los horarios
  • las entregas
  • las estancias
  • y los periodos de convivencia con el menor

no dependen de quién esté enfadado o de quién quiera cambiar las normas unilateralmente.

Retener al menor sin consentimiento del otro progenitor puede suponer un incumplimiento muy grave.

El verdadero problema: el impacto emocional en el menor

Muchas veces los adultos centran el conflicto en sus propios derechos, pero quien realmente vive la situación con más angustia suele ser el propio niño.

Cuando un menor queda atrapado en conflictos de este tipo puede sufrir:

  • miedo
  • ansiedad
  • inseguridad
  • sensación de culpa
  • o presión emocional por sentirse en medio de la guerra entre sus padres.

Y precisamente por eso, los juzgados de familia actúan cada vez con más contundencia ante estas situaciones.

¿Puede considerarse sustracción de menores?

En determinados casos, sí.

Especialmente cuando:

  • existe voluntad clara de impedir el contacto con el otro progenitor
  • se oculta el paradero del menor
  • se traslada al niño sin autorización
  • o se incumplen gravemente las resoluciones judiciales.

No todos los incumplimientos constituyen automáticamente un delito, pero algunas conductas pueden llegar a tener consecuencias penales muy serias.

¿Qué puede hacerse legalmente?

Cada situación requiere actuar rápidamente y valorar las circunstancias concretas.

Dependiendo del caso, pueden iniciarse:

  • procedimientos de ejecución en familia
  • solicitudes urgentes ante el juzgado
  • medidas de protección del menor
  • o incluso actuaciones penales si existe una verdadera sustracción.

En Cataluña, el criterio principal siempre será proteger el interés superior del menor y restaurar cuanto antes la normalidad familiar.

Un error muy frecuente: “yo hago lo mismo y ya está”

Muchas personas reaccionan intentando devolver el daño:
– “Pues ahora no se lo devolveré yo tampoco”.

Y eso suele empeorar todavía más la situación.

Entrar en una dinámica de represalias entre progenitores termina aumentando el conflicto y afectando gravemente a los hijos.

Por eso, aunque emocionalmente sea una situación muy dura, es fundamental actuar jurídicamente y no impulsivamente.

Cuando el menor es llevado a otra ciudad o a otro país

La gravedad aumenta muchísimo cuando uno de los progenitores traslada al menor sin autorización a otra comunidad autónoma o incluso al extranjero.

En estos casos pueden activarse mecanismos nacionales e internacionales de restitución de menores, especialmente dentro de la Unión Europea y mediante convenios internacionales como el Convenio de La Haya.

Detrás de estos casos suele haber mucho más que un simple incumplimiento

En la práctica, estas situaciones suelen aparecer en separaciones especialmente conflictivas, donde existe:

  • miedo a perder a los hijos
  • conflictos emocionales intensos
  • problemas de comunicación
  • o intentos de controlar al otro progenitor a través del menor.

Y precisamente por eso, este tipo de procedimientos son especialmente delicados tanto jurídica como emocionalmente.

No devolver a un hijo cuando corresponde no es una simple discusión familiar ni una decisión que pueda tomarse unilateralmente.

En Cataluña, los tribunales priorizan siempre la estabilidad emocional y el bienestar del menor, actuando con especial sensibilidad ante situaciones donde los hijos quedan atrapados en el conflicto entre sus padres.

Porque un niño nunca debería convertirse en una herramienta dentro de una ruptura de pareja.

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“Mi hijo no quiere ver a su padre (o a su madre)”: qué ocurre realmente en estos casos

3 de julio de 2026 Dejar un comentario

Es una de las situaciones más delicadas y dolorosas dentro de cualquier separación con hijos:
-“Mi hijo dice que no quiere ir con su padre”
– “No quiere ver a su madre”
– “Llora cada vez que le toca ir”.

Cuando esto ocurre, muchos progenitores sienten miedo, culpa o desesperación. Y también aparece una gran duda legal:
– “¿Puede un menor negarse a cumplir el régimen de visitas?”

La respuesta no es tan simple como un sí o un no. Porque en Cataluña, igual que en el resto de España, los jueces analizan cuidadosamente qué hay detrás de esa negativa.

Y algo muy importante: no siempre significa lo mismo que un niño no quiera ir con uno de sus progenitores.

El régimen de visitas no depende únicamente de lo que quiera el menor

Existe una idea equivocada bastante frecuente: pensar que un hijo puede decidir libremente si quiere o no ver a su padre o madre.

Pero jurídicamente no funciona así.

Los menores no tienen la capacidad de “anular” por sí solos un régimen de visitas simplemente diciendo que no quieren acudir. Sin embargo, eso no significa que su opinión no sea importante.

En Cataluña, el interés superior del menor es el criterio principal en cualquier procedimiento de familia. Y por eso, cuando un hijo rechaza de forma intensa y continuada el contacto con uno de los progenitores, los juzgados intentan entender qué está ocurriendo realmente.

No es lo mismo un enfado puntual que un rechazo persistente

Es importante diferenciar situaciones normales de otras mucho más complejas.

A veces los menores expresan rechazo por motivos circunstanciales:

  • discusiones
  • cambios de rutina
  • normas diferentes en cada casa
  • o simplemente porque prefieren quedarse con amigos o actividades.

Pero en otras ocasiones existe un rechazo emocional profundo y mantenido en el tiempo que requiere analizar:

  • el vínculo con ese progenitor
  • el ambiente familiar
  • posibles conflictos previos
  • o incluso situaciones de tensión psicológica.

Cuando el conflicto entre los adultos termina afectando a los hijos

En muchos procedimientos, el verdadero problema no es el menor, sino el nivel de conflicto parental.

Los hijos pueden acabar:

  • sintiéndose obligados a posicionarse
  • escuchando críticas constantes
  • viviendo tensiones continuas
  • o desarrollando miedo a decepcionar a uno de los progenitores.

Y eso puede provocar rechazos emocionales muy complejos.

Por eso, los tribunales son especialmente prudentes cuando analizan estas situaciones.

¿Escucha el juez al menor?

Sí.
En Cataluña, dependiendo de la edad y madurez del menor, su opinión puede ser escuchada dentro del procedimiento.

Pero esto no significa que el niño “decida”.
El juez valorará:

  • su grado de madurez
  • la espontaneidad de sus manifestaciones
  • el contexto familiar
  • y si existe influencia externa o conflicto entre adultos.

En muchos casos también intervienen equipos psicosociales especializados.

Obligar a un hijo tampoco suele ser la solución

Muchos padres y madres se encuentran atrapados en una situación muy difícil:

  • si fuerzan las visitas, el menor sufre emocionalmente
  • pero si no las cumplen, puede parecer un incumplimiento judicial.

Y precisamente por eso estos casos deben gestionarse con muchísimo cuidado.

Porque detrás de la negativa de un menor puede haber:

  • miedo
  • bloqueo emocional
  • lealtades familiares
  • conflictos psicológicos
  • o simplemente una mala gestión de la separación.

Cada situación requiere un análisis individualizado.

El impacto emocional en los progenitores también es enorme

Para muchos padres y madres, escuchar que su hijo no quiere verles es una de las experiencias más dolorosas que existen.

Y al mismo tiempo, el otro progenitor suele sentirse desbordado intentando gestionar una situación emocional muy complicada sin empeorar todavía más el conflicto.

Por eso, en este tipo de casos, la intervención jurídica suele ir muy unida también al apoyo psicológico y familiar.

Lo más importante: proteger emocionalmente al menor

En derecho de familia, el objetivo nunca debería ser “ganar” frente al otro progenitor.
La prioridad siempre debe ser proteger el bienestar emocional del hijo.

Y eso implica actuar con responsabilidad, evitar instrumentalizar a los menores y buscar soluciones que reduzcan el daño emocional que provoca el conflicto familiar.

Cuando un hijo rechaza ver a uno de sus progenitores, no existe una solución automática ni una respuesta simple.

En Cataluña, los juzgados analizan cuidadosamente cada situación para entender qué hay detrás de esa negativa y qué medidas pueden proteger mejor al menor.

Porque muchas veces, detrás de un “no quiero ir”, no hay únicamente rechazo… sino dolor, miedo o conflictos emocionales que los adultos no siempre consiguen ver.

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“¿La nueva pareja de mi ex puede influir en mis hijos?” Una de las preocupaciones más frecuentes tras una separación

29 de junio de 2026 Dejar un comentario

Después de una separación, muchas personas consiguen aceptar el final de la relación. Lo que resulta mucho más difícil, en muchos casos, es asumir que aparecerán nuevas parejas en la vida del otro progenitor… y que esas personas también acabarán conviviendo con los hijos.

Es una situación que genera muchísimas dudas, inseguridades y conflictos familiares:
– “¿Puede decidir cosas sobre mis hijos?”
– “¿Y si no me gusta cómo los trata?”
– “¿Puede influir en la custodia?”

La realidad es que las nuevas relaciones sentimentales son uno de los focos de tensión más habituales en derecho de familia. Y en Cataluña, igual que en el resto de España, los juzgados cada vez afrontan más conflictos relacionados con esta situación.

Tener nueva pareja no perjudica automáticamente la custodia

Existe una idea equivocada muy frecuente: pensar que iniciar una nueva relación sentimental puede hacer que una persona pierda derechos respecto a sus hijos.

Y esto no es cierto.

En Cataluña, los jueces no valoran si un progenitor tiene o no pareja, sino cómo afecta realmente esa situación al bienestar del menor.

Porque lo importante no es la vida sentimental de los adultos.
– Lo importante es el interés superior del niño.

Los hijos también viven la separación emocionalmente

Para muchos menores, la llegada de una nueva pareja puede resultar complicada al principio.

A veces sienten:

  • miedo a ser sustituidos
  • inseguridad
  • celos
  • o confusión emocional.

Especialmente cuando la ruptura entre los padres todavía es reciente o conflictiva.

Por eso, la forma en la que se introducen estos cambios suele ser muy importante para la estabilidad emocional de los hijos.

El problema no suele ser la nueva pareja… sino el conflicto que la rodea

En la práctica, muchas veces el verdadero daño para los menores no proviene de la existencia de una nueva pareja, sino de las discusiones constantes entre los adultos alrededor de esa situación.

Comentarios negativos, tensiones, reproches o utilizar a los hijos para obtener información suelen generar un ambiente emocional muy perjudicial para ellos.

Y los tribunales valoran cada vez más la capacidad de los progenitores para proteger a los menores de ese conflicto.

¿Puede influir realmente en un procedimiento judicial?

Sí, pero no por el simple hecho de existir.

La nueva pareja podría tener relevancia judicial cuando:

  • exista una convivencia perjudicial para el menor
  • haya situaciones de violencia o conflicto grave
  • se produzcan conductas inadecuadas
  • o el entorno afecte negativamente a la estabilidad emocional de los hijos.

Es decir, los jueces no analizan la relación sentimental en sí misma, sino sus consecuencias reales sobre el bienestar del menor.

Convivencia, rutinas y estabilidad familiar

Uno de los aspectos que más suelen valorar los juzgados en Cataluña es la estabilidad del entorno familiar.

Por eso, pueden tenerse en cuenta cuestiones como:

  • cómo es la convivencia diaria
  • la relación de los hijos con la nueva pareja
  • el ambiente emocional del hogar
  • o la capacidad de adaptación de los menores.

No existe una fórmula automática. Cada familia es completamente distinta.

El miedo a “perder espacio” en la vida de los hijos

Muchas veces, detrás de estos conflictos existe un temor emocional muy profundo: sentir que otra persona ocupará un lugar importante en la vida de los hijos.

Y aunque es una reacción humana frecuente tras una separación, los tribunales intentan proteger precisamente que los menores puedan construir relaciones sanas y equilibradas sin verse atrapados en conflictos de lealtades entre adultos.

Lo que más protege a un menor tras una separación

Los estudios psicológicos y la experiencia judicial coinciden cada vez más en algo:
– Lo que más afecta a los hijos no suele ser la existencia de nuevas parejas, sino la exposición constante al conflicto parental.

Por eso, la capacidad de los adultos para gestionar los cambios con madurez y proteger emocionalmente a los menores suele ser fundamental.

La nueva pareja de un progenitor puede influir en la vida de los hijos, igual que cualquier persona que forme parte de su entorno cotidiano. Sin embargo, eso no significa automáticamente un problema jurídico ni una modificación de custodia.

En Cataluña, los juzgados analizan siempre cómo afecta realmente esa situación al bienestar emocional y familiar del menor.

Porque después de una separación, los hijos no necesitan adultos perfectos.
Necesitan entornos estables, tranquilos y libres de conflictos innecesarios.

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