Es una de las situaciones más angustiantes y desesperantes que puede vivir cualquier padre o madre tras una separación:
– Llega la hora de devolver al menor… y el otro progenitor simplemente no aparece.
Al principio muchas personas piensan que será un retraso, una discusión puntual o un enfado momentáneo. Pero cuando pasan las horas y el niño sigue sin volver, aparece el miedo real:
– “¿Y si no piensa devolverlo?”
– “¿Esto es ilegal?”
– “¿Qué puedo hacer?”
En Cataluña, igual que en el resto de España, impedir injustificadamente que un menor regrese con el otro progenitor puede tener consecuencias muy graves, tanto civiles como incluso penales en determinadas situaciones.
Y algo muy importante:
esto no se considera simplemente “un problema entre padres”.
El régimen de custodia y visitas no es opcional
Cuando existe una resolución judicial o un acuerdo aprobado judicialmente, ambos progenitores están obligados a cumplirlo.
Eso significa que:
- los horarios
- las entregas
- las estancias
- y los periodos de convivencia con el menor
no dependen de quién esté enfadado o de quién quiera cambiar las normas unilateralmente.
Retener al menor sin consentimiento del otro progenitor puede suponer un incumplimiento muy grave.
El verdadero problema: el impacto emocional en el menor
Muchas veces los adultos centran el conflicto en sus propios derechos, pero quien realmente vive la situación con más angustia suele ser el propio niño.
Cuando un menor queda atrapado en conflictos de este tipo puede sufrir:
- miedo
- ansiedad
- inseguridad
- sensación de culpa
- o presión emocional por sentirse en medio de la guerra entre sus padres.
Y precisamente por eso, los juzgados de familia actúan cada vez con más contundencia ante estas situaciones.
¿Puede considerarse sustracción de menores?
En determinados casos, sí.
Especialmente cuando:
- existe voluntad clara de impedir el contacto con el otro progenitor
- se oculta el paradero del menor
- se traslada al niño sin autorización
- o se incumplen gravemente las resoluciones judiciales.
No todos los incumplimientos constituyen automáticamente un delito, pero algunas conductas pueden llegar a tener consecuencias penales muy serias.
¿Qué puede hacerse legalmente?
Cada situación requiere actuar rápidamente y valorar las circunstancias concretas.
Dependiendo del caso, pueden iniciarse:
- procedimientos de ejecución en familia
- solicitudes urgentes ante el juzgado
- medidas de protección del menor
- o incluso actuaciones penales si existe una verdadera sustracción.
En Cataluña, el criterio principal siempre será proteger el interés superior del menor y restaurar cuanto antes la normalidad familiar.
Un error muy frecuente: “yo hago lo mismo y ya está”
Muchas personas reaccionan intentando devolver el daño:
– “Pues ahora no se lo devolveré yo tampoco”.
Y eso suele empeorar todavía más la situación.
Entrar en una dinámica de represalias entre progenitores termina aumentando el conflicto y afectando gravemente a los hijos.
Por eso, aunque emocionalmente sea una situación muy dura, es fundamental actuar jurídicamente y no impulsivamente.
Cuando el menor es llevado a otra ciudad o a otro país
La gravedad aumenta muchísimo cuando uno de los progenitores traslada al menor sin autorización a otra comunidad autónoma o incluso al extranjero.
En estos casos pueden activarse mecanismos nacionales e internacionales de restitución de menores, especialmente dentro de la Unión Europea y mediante convenios internacionales como el Convenio de La Haya.
Detrás de estos casos suele haber mucho más que un simple incumplimiento
En la práctica, estas situaciones suelen aparecer en separaciones especialmente conflictivas, donde existe:
- miedo a perder a los hijos
- conflictos emocionales intensos
- problemas de comunicación
- o intentos de controlar al otro progenitor a través del menor.
Y precisamente por eso, este tipo de procedimientos son especialmente delicados tanto jurídica como emocionalmente.
No devolver a un hijo cuando corresponde no es una simple discusión familiar ni una decisión que pueda tomarse unilateralmente.
En Cataluña, los tribunales priorizan siempre la estabilidad emocional y el bienestar del menor, actuando con especial sensibilidad ante situaciones donde los hijos quedan atrapados en el conflicto entre sus padres.
Porque un niño nunca debería convertirse en una herramienta dentro de una ruptura de pareja.



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