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visitas progenitores

“Mi hijo no quiere ver a su padre (o a su madre)”: qué ocurre realmente en estos casos

3 de julio de 2026 Dejar un comentario

Es una de las situaciones más delicadas y dolorosas dentro de cualquier separación con hijos:
-“Mi hijo dice que no quiere ir con su padre”
– “No quiere ver a su madre”
– “Llora cada vez que le toca ir”.

Cuando esto ocurre, muchos progenitores sienten miedo, culpa o desesperación. Y también aparece una gran duda legal:
– “¿Puede un menor negarse a cumplir el régimen de visitas?”

La respuesta no es tan simple como un sí o un no. Porque en Cataluña, igual que en el resto de España, los jueces analizan cuidadosamente qué hay detrás de esa negativa.

Y algo muy importante: no siempre significa lo mismo que un niño no quiera ir con uno de sus progenitores.

El régimen de visitas no depende únicamente de lo que quiera el menor

Existe una idea equivocada bastante frecuente: pensar que un hijo puede decidir libremente si quiere o no ver a su padre o madre.

Pero jurídicamente no funciona así.

Los menores no tienen la capacidad de “anular” por sí solos un régimen de visitas simplemente diciendo que no quieren acudir. Sin embargo, eso no significa que su opinión no sea importante.

En Cataluña, el interés superior del menor es el criterio principal en cualquier procedimiento de familia. Y por eso, cuando un hijo rechaza de forma intensa y continuada el contacto con uno de los progenitores, los juzgados intentan entender qué está ocurriendo realmente.

No es lo mismo un enfado puntual que un rechazo persistente

Es importante diferenciar situaciones normales de otras mucho más complejas.

A veces los menores expresan rechazo por motivos circunstanciales:

  • discusiones
  • cambios de rutina
  • normas diferentes en cada casa
  • o simplemente porque prefieren quedarse con amigos o actividades.

Pero en otras ocasiones existe un rechazo emocional profundo y mantenido en el tiempo que requiere analizar:

  • el vínculo con ese progenitor
  • el ambiente familiar
  • posibles conflictos previos
  • o incluso situaciones de tensión psicológica.

Cuando el conflicto entre los adultos termina afectando a los hijos

En muchos procedimientos, el verdadero problema no es el menor, sino el nivel de conflicto parental.

Los hijos pueden acabar:

  • sintiéndose obligados a posicionarse
  • escuchando críticas constantes
  • viviendo tensiones continuas
  • o desarrollando miedo a decepcionar a uno de los progenitores.

Y eso puede provocar rechazos emocionales muy complejos.

Por eso, los tribunales son especialmente prudentes cuando analizan estas situaciones.

¿Escucha el juez al menor?

Sí.
En Cataluña, dependiendo de la edad y madurez del menor, su opinión puede ser escuchada dentro del procedimiento.

Pero esto no significa que el niño “decida”.
El juez valorará:

  • su grado de madurez
  • la espontaneidad de sus manifestaciones
  • el contexto familiar
  • y si existe influencia externa o conflicto entre adultos.

En muchos casos también intervienen equipos psicosociales especializados.

Obligar a un hijo tampoco suele ser la solución

Muchos padres y madres se encuentran atrapados en una situación muy difícil:

  • si fuerzan las visitas, el menor sufre emocionalmente
  • pero si no las cumplen, puede parecer un incumplimiento judicial.

Y precisamente por eso estos casos deben gestionarse con muchísimo cuidado.

Porque detrás de la negativa de un menor puede haber:

  • miedo
  • bloqueo emocional
  • lealtades familiares
  • conflictos psicológicos
  • o simplemente una mala gestión de la separación.

Cada situación requiere un análisis individualizado.

El impacto emocional en los progenitores también es enorme

Para muchos padres y madres, escuchar que su hijo no quiere verles es una de las experiencias más dolorosas que existen.

Y al mismo tiempo, el otro progenitor suele sentirse desbordado intentando gestionar una situación emocional muy complicada sin empeorar todavía más el conflicto.

Por eso, en este tipo de casos, la intervención jurídica suele ir muy unida también al apoyo psicológico y familiar.

Lo más importante: proteger emocionalmente al menor

En derecho de familia, el objetivo nunca debería ser “ganar” frente al otro progenitor.
La prioridad siempre debe ser proteger el bienestar emocional del hijo.

Y eso implica actuar con responsabilidad, evitar instrumentalizar a los menores y buscar soluciones que reduzcan el daño emocional que provoca el conflicto familiar.

Cuando un hijo rechaza ver a uno de sus progenitores, no existe una solución automática ni una respuesta simple.

En Cataluña, los juzgados analizan cuidadosamente cada situación para entender qué hay detrás de esa negativa y qué medidas pueden proteger mejor al menor.

Porque muchas veces, detrás de un “no quiero ir”, no hay únicamente rechazo… sino dolor, miedo o conflictos emocionales que los adultos no siempre consiguen ver.

Archivado en:Sin categoría Etiquetado con:abogado de familia, bienestar del menor, Código Civil de Cataluña, conflictos familiares, custodia hijos, derecho de familia, divorcio en Cataluña, familia y menores, Fortia Abogados, hijos y separación, rechazo parental, régimen de visitas, separación conflictiva, visitas progenitores

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