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violencia psicológica

“Mi hijo vuelve con miedo”: qué hacer si sospechas que la nueva pareja de tu ex ejerce violencia sobre el menor

6 de agosto de 2026 Dejar un comentario

Hay frases que ningún padre o madre olvida.

– “No quiero volver allí.”
– “Cuando está él/ella en casa me encierro.”
– “Por favor no se lo digas.”

A veces el cambio es silencioso:
un niño que antes era alegre empieza a apagarse.
Tiene ansiedad antes de las visitas.
Llora sin explicar por qué.
Deja de dormir bien.
O regresa a casa extraño, distante o asustado.

Y entonces aparece una de las situaciones más delicadas que existen en derecho de familia:
– Sospechar que la nueva pareja de tu ex puede estar haciendo daño a tu hijo.

La pareja de tu ex NO tiene “autoridad absoluta” sobre el menor

Muchas personas creen que, al convivir con el niño, la nueva pareja puede disciplinarlo como quiera.

No es así.

Ni un padrastro ni una madrastra sustituyen legalmente a los progenitores salvo situaciones muy concretas. Y, por supuesto, nadie tiene derecho a ejercer violencia física, psicológica o humillante sobre un menor.

El problema es que estas situaciones muchas veces ocurren dentro de casa, lejos de testigos, y los niños tardan muchísimo en hablar por miedo o culpa.

Los menores rara vez explican las cosas de forma directa

Muchos padres esperan que el niño diga claramente:
– “me pega”
– “me insulta”
– “me da miedo”

Pero la realidad suele ser muchísimo más compleja.

Los menores pueden expresar el sufrimiento de otras maneras:

  • ansiedad antes de las visitas
  • pesadillas
  • cambios bruscos de comportamiento
  • agresividad
  • tristeza
  • miedo a quedarse solos
  • retrocesos infantiles
  • problemas escolares
  • o rechazo repentino hacia ir con el otro progenitor

Y en ocasiones el niño protege emocionalmente a su propio padre o madre para no “romper” la nueva familia.

¿Puede intervenir la justicia aunque la agresión no venga del progenitor?

Sí.

El Código Civil de Cataluña y la legislación española obligan a proteger siempre el interés superior del menor, independientemente de quién ejerza la violencia.

Eso significa que, si existe riesgo para el niño, el juzgado puede:

  • modificar custodias
  • limitar visitas
  • suspender estancias
  • imponer puntos de encuentro
  • o adoptar medidas urgentes de protección

aunque quien ejerza la conducta sea la nueva pareja del padre o de la madre.

Además, la LOPIVI (Ley Orgánica de Protección Integral a la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia) reforzó todavía más la obligación de detectar y actuar ante cualquier situación de violencia infantil.

Mucho cuidado con actuar solo desde la rabia

Cuando un hijo cuenta algo así, el impulso es inmediato:
enfrentarse al otro progenitor, ir a buscar al niño o incluso impedir las visitas directamente.

Pero actuar sin asesoramiento puede complicar muchísimo la situación judicial.

En algunos casos, cortar unilateralmente el contacto sin autorización judicial puede terminar utilizándose en contra del progenitor que intenta proteger al menor.

Por eso es fundamental:

  • documentar lo ocurrido
  • buscar apoyo psicológico especializado
  • recopilar pruebas si existen
  • y actuar jurídicamente cuanto antes

¿Qué tipo de pruebas suelen valorarse?

Cada caso es distinto, pero los procedimientos suelen apoyarse en:

  • informes psicológicos infantiles
  • declaraciones del menor adaptadas a su edad
  • partes médicos
  • mensajes
  • testigos
  • informes escolares
  • o valoraciones de servicios sociales

En Cataluña, los juzgados cada vez tienen más sensibilidad hacia el impacto de la violencia psicológica infantil, incluso cuando no existen lesiones físicas visibles.

A veces el daño no son golpes

Hay menores que sufren:

  • humillaciones constantes
  • gritos
  • castigos desproporcionados
  • intimidación
  • desprecio
  • control
  • o miedo dentro de la nueva dinámica familiar

Y aunque desde fuera “no parezca grave”, convivir con terror o tensión constante puede afectar profundamente al desarrollo emocional del niño.

Muchos adultos siguen arrastrando secuelas de situaciones similares vividas en la infancia.

Escuchar al menor puede cambiarlo todo

Uno de los errores más frecuentes es minimizar las señales:
– “son celos”
– “no quiere aceptar la nueva pareja”
– “está manipulando”

Y aunque algunos conflictos familiares complejos requieren mucha prudencia, ignorar completamente el sufrimiento del menor también puede dejarlo desprotegido.

Escuchar no significa asumir automáticamente todo como cierto.
Significa tomarse en serio la posibilidad de que algo no va bien.

Cuando un menor siente miedo dentro del entorno familiar, nunca debería considerarse “un problema privado de adultos”.

La ley española y catalana protegen el derecho de los niños a crecer en un ambiente seguro, también frente a conductas ejercidas por nuevas parejas de los progenitores.

Y muchas veces, detectar a tiempo pequeños cambios en un hijo puede evitar daños emocionales muchísimo más profundos en el futuro.

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¿Puede un hijo denunciar a sus propios padres? La respuesta que muchas familias desconocen

3 de agosto de 2026 Dejar un comentario

La idea resulta durísima para muchas personas.

Pensar que un menor pueda acudir a la policía o a un juzgado contra sus propios padres rompe completamente la imagen tradicional de familia que mucha gente tiene en la cabeza.

Pero ocurre. Y bastante más de lo que parece.

Hay adolescentes que viven situaciones límite dentro de casa:

  • violencia física
  • insultos constantes
  • amenazas
  • humillaciones
  • control extremo
  • abandono
  • o auténtico miedo hacia quienes deberían protegerlos

Y cuando el hogar deja de ser un lugar seguro, la ley permite que el menor también tenga protección jurídica frente a sus propios progenitores.

Sí, un menor puede denunciar a sus padres

En España, los hijos menores tienen derecho a ser protegidos frente a cualquier situación de violencia o riesgo, incluso cuando quien ejerce esa conducta es el padre o la madre.

La Ley Orgánica de Protección Integral a la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia (LOPIVI) reforzó precisamente esta idea:
-Los menores son sujetos de derechos, no propiedad de sus padres.

Eso significa que si existe:

  • maltrato
  • abuso
  • violencia psicológica
  • agresiones
  • amenazas
  • abandono
  • o situaciones graves dentro del entorno familiar

el menor puede acudir a:

  • Mossos d’Esquadra
  • Fiscalía de Menores
  • servicios sociales
  • profesores
  • psicólogos
  • o cualquier autoridad competente

para pedir ayuda o denunciar la situación.

A veces el problema no son los golpes

Uno de los errores más frecuentes es pensar que solo existe maltrato si hay agresiones físicas visibles.

Sin embargo, muchos menores viven situaciones profundamente dañinas:

  • insultos diarios
  • humillaciones
  • miedo constante
  • control excesivo
  • amenazas
  • chantaje emocional
  • o violencia psicológica continuada

Y aunque no existan moratones, el impacto emocional puede ser enorme.

Los tribunales cada vez dan más importancia a la salud mental y emocional de los menores.

¿Qué ocurre cuando un menor denuncia?

Dependerá muchísimo de cada caso.

En situaciones graves pueden intervenir:

  • Fiscalía de Menores
  • servicios de protección
  • equipos psicológicos
  • Mossos d’Esquadra
  • o juzgados especializados

A veces se adoptan medidas urgentes para proteger al menor:

  • cambios de custodia
  • órdenes de alejamiento
  • suspensión de visitas
  • intervención de servicios sociales
  • o incluso acogimiento temporal

Todo se analiza bajo un principio fundamental:
– El interés superior del menor.

Eso significa que la prioridad no es proteger la autoridad de los padres, sino la seguridad física y emocional del niño o adolescente.

enunciar a un padre o una madre suele ser emocionalmente devastador

Muchos menores sienten culpa incluso cuando están sufriendo situaciones muy graves.

Hay adolescentes que tardan años en pedir ayuda porque:

  • tienen miedo
  • creen que nadie les creerá
  • piensan que destruirán a la familia
  • o han normalizado conductas violentas desde pequeños

Algunos incluso justifican lo que ocurre:
– “es que cuando se enfada pierde el control”
– “mi madre tiene mucho estrés”
– “seguro que exagero”

Por eso detectar estas situaciones a tiempo es tan importante.

Los padres tienen derechos… pero también límites legales

La patria potestad no significa poder hacer cualquier cosa con un hijo.

El Código Civil español y el Código Civil de Cataluña establecen que los progenitores deben:

  • proteger a sus hijos
  • garantizar su bienestar
  • educarlos
  • respetar su integridad física y psicológica
  • y actuar siempre en beneficio del menor

Cuando esos límites se cruzan, el Estado puede intervenir.

También existen denuncias por conflictos familiares extremos

Hay casos donde las denuncias aparecen dentro de situaciones familiares muy deterioradas:

  • divorcios conflictivos
  • manipulación familiar
  • problemas de convivencia
  • o conflictos entre adolescentes y padres

Por eso cada procedimiento requiere una valoración muy cuidadosa, especialmente cuando intervienen menores.

Los juzgados suelen apoyarse en:

  • informes psicológicos
  • exploraciones del menor
  • servicios sociales
  • y equipos especializados en infancia y adolescencia

Pedir ayuda no siempre significa “romper la familia”

Muchos menores no quieren castigar a sus padres. Lo único que quieren es que la situación pare.

Y en numerosas ocasiones, intervenir a tiempo evita que el conflicto termine empeorando todavía más.

Escuchar al menor, darle apoyo psicológico y actuar rápidamente puede marcar una diferencia enorme en su futuro emocional.

Sí. Un menor puede denunciar a sus propios padres cuando existe violencia, abuso o una situación que ponga en riesgo su bienestar.

La ley española y catalana protegen cada vez más los derechos de niños y adolescentes, entendiendo que crecer con miedo dentro de casa nunca debe normalizarse.

Porque ningún menor debería sentirse desprotegido precisamente en el lugar donde debería sentirse más seguro.

Archivado en:Sin categoría Etiquetado con:abogado de familia, bienestar infantil, Código Civil Catalán, conflictos familiares, derecho de familia, derecho penal, Fiscalía de Menores, Fortia Abogados, LOPIVI, menores y familia, Mossos d'Esquadra, protección infantil, violencia familiar, violencia psicológica

Violencia vicaria: cuando hacer daño a los hijos se convierte en una forma de destruir a la otra persona

31 de julio de 2026 Dejar un comentario

Hay violencias que no empiezan con un golpe.
Empiezan con una amenaza.

– “Te voy a quitar a los niños.”
– “No los volverás a ver.”
– “Lo que más quieres es lo que más puede hacerte sufrir.”

La violencia vicaria es probablemente una de las formas más crueles de violencia familiar porque utiliza a los hijos como instrumento para dañar psicológicamente al otro progenitor.

Y aunque durante mucho tiempo estas situaciones quedaron invisibilizadas o minimizadas como simples “conflictos de pareja”, hoy la justicia española las reconoce expresamente como una forma grave de violencia.

¿Qué es exactamente la violencia vicaria?

El término empezó a utilizarse para describir situaciones donde un padre o una madre utiliza a los hijos para castigar emocionalmente al otro progenitor.

A veces aparece mediante:

  • manipulación emocional
  • amenazas
  • incumplimientos constantes
  • aislamiento del menor
  • humillaciones
  • denuncias instrumentalizadas
  • o impedir el contacto con el otro progenitor

En los casos más extremos, el daño puede llegar incluso a agresiones físicas o hechos irreparables contra los propios hijos.

El objetivo no es únicamente controlar al menor.
Es destruir emocionalmente a la otra persona a través de aquello que más quiere.

Los niños dejan de ser hijos y pasan a convertirse en “armas”

Esa es una de las partes más duras de estos casos.

El menor queda atrapado en medio de una guerra emocional que no le pertenece:

  • escuchando insultos sobre el otro progenitor
  • sintiéndose obligado a elegir
  • ocultando cosas por miedo
  • o creyendo que querer a uno significa traicionar al otro

Muchos niños terminan viviendo con ansiedad constante, culpa o miedo a decepcionar a alguno de sus padres.

Y lo peor es que a veces ni siquiera entienden que están siendo manipulados.

La ley española ya reconoce esta violencia

En los últimos años, la violencia vicaria ha empezado a tener un peso muy importante dentro de los juzgados de familia y violencia sobre la mujer.

La Ley Orgánica 1/2004 de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género y distintas reformas posteriores reforzaron la protección de los menores expuestos a violencia familiar.

Además, la LOPIVI (Ley Orgánica de Protección Integral a la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia) obliga a considerar a los menores como víctimas directas cuando sufren este tipo de situaciones.

En Cataluña, el Código Civil Catalán también establece que cualquier medida relacionada con custodia o visitas debe priorizar siempre el interés superior del menor.

Eso significa que los tribunales pueden:

  • limitar visitas
  • suspender custodias
  • establecer puntos de encuentro
  • o restringir comunicaciones

si consideran que los hijos están siendo utilizados dentro del conflicto familiar.

No siempre es fácil detectarla

Uno de los mayores problemas de la violencia vicaria es que muchas veces ocurre de forma silenciosa.

No siempre hay denuncias claras ni agresiones visibles.

A veces aparece en frases aparentemente pequeñas:

  • “Tu padre nos abandonó”
  • “Si quieres ir con ella me pondré triste”
  • “Tu madre tiene la culpa de todo”
  • “No le digas esto a papá”

Y poco a poco el menor queda emocionalmente atrapado.

Por eso estos procedimientos suelen requerir:

  • informes psicológicos
  • intervención de equipos psicosociales
  • exploración del menor
  • y valoración judicial especializada

El daño psicológico puede durar años

La violencia vicaria no solo destruye relaciones familiares. También puede afectar profundamente al desarrollo emocional del menor.

Muchos niños crecen:

  • normalizando el miedo
  • aprendiendo a mentir para evitar conflictos
  • reprimiendo emociones
  • o desarrollando problemas de ansiedad, inseguridad o depresión

Algunos llegan a la edad adulta arrastrando sentimientos de culpa o relaciones afectivas completamente distorsionadas.

Pedir ayuda no significa “poner al niño en contra”

Muchas víctimas dudan en actuar porque temen empeorar el conflicto o ser acusadas de manipular a los hijos.

Pero proteger emocionalmente a un menor no es atacar al otro progenitor.

Es evitar que el niño siga creciendo dentro de una dinámica destructiva.

Y cuanto antes se detecten estas situaciones, más posibilidades existen de reducir el daño psicológico.

¿Qué puede hacerse?

Dependiendo de cada caso, pueden intervenir:

  • juzgados de familia
  • juzgados de violencia sobre la mujer
  • Mossos d’Esquadra
  • Fiscalía de Menores
  • equipos psicosociales
  • servicios sociales
  • y profesionales especializados en infancia

También pueden solicitarse medidas urgentes para proteger tanto a los hijos como al progenitor afectado.

La violencia vicaria no busca únicamente hacer daño a una expareja. Busca destruir emocionalmente utilizando el vínculo más sensible: los hijos.

Y precisamente por eso, hoy la ley española y catalana consideran que los menores no son simples espectadores de estos conflictos, sino víctimas que necesitan protección real.

Porque ningún niño debería crecer sintiendo que el amor hacia uno de sus padres puede convertirse en un arma contra el otro.

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Violencia psicológica: cuando el daño emocional termina destruyendo a una persona sin necesidad de golpes

19 de junio de 2026 Dejar un comentario

Hay relaciones que no dejan moratones, pero sí dejan miedo, inseguridad y una sensación constante de estar atrapado.

La violencia psicológica es una de las formas de maltrato más difíciles de detectar porque suele aparecer de manera lenta y silenciosa. No empieza necesariamente con insultos graves o amenazas evidentes. Muchas veces comienza con pequeños comentarios, manipulación emocional, control o desprecios que acaban desgastando completamente a quien los sufre.

Y precisamente por no existir una agresión física visible, muchas víctimas pasan años pensando que simplemente están viviendo una relación complicada o “normal”.

Pero vivir bajo humillaciones constantes, control emocional o miedo permanente no forma parte de una relación sana.

Una violencia que suele esconderse detrás de la rutina

Uno de los mayores problemas de la violencia psicológica es que puede confundirse fácilmente con discusiones de pareja o problemas de convivencia.

Sin embargo, existe una diferencia importante:
– La intención de controlar, anular o deteriorar emocionalmente a la otra persona.

Algunas conductas habituales pueden ser:

  • desprecios continuos
  • manipulación emocional
  • aislamiento de amistades o familia
  • control excesivo
  • amenazas indirectas
  • culpabilización constante
  • o hacer sentir inútil a la otra persona.

Con el tiempo, quien lo sufre puede acabar perdiendo completamente la confianza en sí mismo.

El desgaste emocional no aparece de un día para otro

La mayoría de víctimas no identifican inmediatamente lo que ocurre.

Muchas veces empiezan justificando conductas:

  • “solo estaba enfadado”
  • “yo también tengo culpa”
  • “es su carácter”
  • o “seguro que exagero”.

Pero poco a poco aparece algo mucho más profundo:

  • ansiedad
  • miedo a hablar
  • inseguridad constante
  • dependencia emocional
  • y sensación de no poder hacer nada correctamente.

Y ahí es donde el daño psicológico empieza realmente a afectar la vida diaria.

El impacto en los hijos también existe

En Cataluña, los juzgados tienen cada vez más en cuenta el ambiente emocional en el que crecen los menores.

Aunque los hijos no sufran agresiones directas, convivir con tensión constante, humillaciones o manipulación emocional puede afectar seriamente a su bienestar psicológico.

Por eso, en procedimientos de familia, este tipo de situaciones pueden influir en cuestiones relacionadas con:

  • custodia
  • organización familiar
  • régimen de estancias
  • o dinámicas de comunicación entre progenitores.

¿Cómo puede demostrarse la violencia psicológica?

Una de las mayores preocupaciones de las víctimas suele ser esta:
– “¿Cómo pruebo algo que no deja marcas?”

Y aunque este tipo de violencia sea más compleja de acreditar, sí existen elementos que pueden resultar fundamentales.

Por ejemplo:

  • conversaciones de WhatsApp
  • audios o mensajes
  • correos electrónicos
  • informes psicológicos
  • partes médicos relacionados con ansiedad o estrés
  • testigos cercanos
  • o situaciones documentadas de control y humillación continuada.

En muchos procedimientos, no se trata de una única prueba concreta, sino de demostrar un patrón repetido de comportamiento que haya provocado deterioro emocional.

El problema de normalizar el daño emocional

Muchas personas no buscan ayuda porque creen que nadie las tomará en serio si no existen agresiones físicas.

Y precisamente esa invisibilidad es lo que hace tan peligrosa la violencia psicológica.

Porque el daño emocional sostenido durante años puede acabar destruyendo:

  • la autoestima
  • la estabilidad emocional
  • la independencia
  • y hasta la capacidad de tomar decisiones.

Recuperarse también implica volver a reconocerse a uno mismo

Salir de una relación marcada por violencia psicológica suele ser un proceso complejo. No se trata únicamente de terminar la convivencia, sino de recuperar tranquilidad, seguridad y libertad emocional.

Y muchas veces, el primer paso es entender que vivir con miedo, humillaciones o control constante nunca debe considerarse normal.

La violencia psicológica puede ser silenciosa e invisible desde fuera, pero sus consecuencias son profundamente reales para quien la sufre.

Por eso, identificar estas conductas, saber cómo acreditarlas y recibir asesoramiento adecuado puede resultar esencial tanto para proteger los derechos de la víctima como para evitar que el daño continúe prolongándose en el tiempo.

Porque el maltrato emocional no necesita golpes para destruir a una persona.

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Violencia económica: la forma de maltrato que muchas víctimas tardan años en identificar

12 de junio de 2026 Dejar un comentario

No todas las formas de violencia dejan marcas visibles.
Algunas dejan miedo, dependencia y la sensación constante de no poder salir adelante sola.

La violencia económica es una de las formas de maltrato más silenciosas dentro de una relación de pareja. Y precisamente por eso, muchas personas pasan años sufriéndola sin darse cuenta de que lo que viven no es normal.

Controlar el dinero, impedir trabajar, limitar el acceso a cuentas bancarias o utilizar la economía como herramienta de dominación no son simples problemas de convivencia. Son conductas que pueden tener importantes consecuencias personales y jurídicas.

Y en Cataluña, al igual que en el resto de España, cada vez existe una mayor sensibilidad judicial hacia este tipo de situaciones.

¿Qué es exactamente la violencia económica?

La violencia económica aparece cuando una persona utiliza el dinero o los recursos económicos para controlar, limitar o someter a su pareja.

Muchas veces empieza de forma progresiva:

  • controlando todos los gastos
  • obligando a justificar cualquier compra
  • impidiendo trabajar o estudiar
  • generando dependencia económica
  • ocultando ingresos
  • o dejando a la otra persona sin acceso real al dinero familiar.

Con el tiempo, la víctima puede acabar sintiendo que no tiene capacidad económica para abandonar la relación ni reconstruir su vida.

Una violencia que suele pasar desapercibida

Uno de los mayores problemas es que muchas víctimas normalizan estas conductas durante años.

Frases como:

  • “él lleva mejor las cuentas”
  • “yo nunca me he ocupado del dinero”
  • “me da vergüenza pedir dinero para mí”

son mucho más frecuentes de lo que parece.

Y precisamente ahí está el peligro: la pérdida progresiva de autonomía.

Cuando hay hijos, el control puede continuar tras la separación

En muchos procedimientos de familia, la violencia económica no termina con la ruptura.

Es habitual ver situaciones como:

  • impago de pensiones de alimentos
  • retrasos constantes en pagos
  • ocultación de ingresos
  • presión económica para forzar acuerdos
  • o utilización del dinero como forma de castigo o control emocional.

Y esto genera todavía más dependencia y desgaste psicológico.

¿Cómo puede acreditarse la violencia económica?

Aquí aparece una de las cuestiones más importantes:
👉 muchas personas creen que este tipo de violencia es imposible de demostrar. Y no es cierto.

Aunque cada caso requiere un análisis individual, existen numerosos elementos que pueden ayudar a acreditarla.

Por ejemplo:

  • mensajes o conversaciones donde exista control económico
  • transferencias bancarias
  • movimientos de cuentas
  • justificantes de impagos
  • pruebas de limitación de acceso al dinero
  • testimonios
  • documentación económica
  • o incluso situaciones de endeudamiento forzado.

También puede ser relevante acreditar:

  • que una persona abandonó su carrera profesional por imposición o presión
  • que no tenía acceso a cuentas comunes
  • o que dependía completamente económicamente de la pareja sin posibilidad real de autonomía.

En muchos casos, la violencia económica no se demuestra con una única prueba, sino con un conjunto de indicios que reflejan una situación continuada de control y dependencia.

El problema de esperar demasiado

Muchas víctimas no buscan ayuda porque creen que “no será suficiente” o que “como no hay agresiones físicas, nadie las tomará en serio”.

Pero la violencia económica puede tener consecuencias profundamente destructivas:

  • ansiedad
  • pérdida de autoestima
  • aislamiento
  • miedo a separarse
  • e incapacidad para rehacer la propia vida.

Y cuanto más tiempo pasa, más difícil suele resultar romper esa dependencia.

Recuperar la independencia también es parte del proceso

Salir de una situación de violencia económica no significa únicamente terminar una relación. También supone recuperar seguridad, autonomía y capacidad de decisión.

Por eso, recibir asesoramiento jurídico desde el inicio puede ser fundamental para proteger tanto los derechos económicos como la estabilidad personal y familiar.

La violencia económica es una forma de control mucho más frecuente de lo que parece y, al mismo tiempo, una de las más invisibles.

Detectarla, entenderla y saber cómo acreditarla puede marcar una diferencia enorme en procedimientos de separación, divorcio o violencia de género.

Porque el control económico no es amor, ni protección, ni organización familiar.
Es una forma de limitar la libertad de la otra persona.

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